Es lo que tienen...

las pelis de Wong Kar Wai, quiero decir.

Aún recuerdo esa tarde en la que a Andrés, a Ana y a mí nos dio por entrar al cine a ver 2046. La verdad es que, ya a mitad de la película, empezábamos a emitir miradas a lo "¿Cuándo puñetas va a acabar esta tortura?". Allá por las 2 horas de peli, cuando el final se aproximaba, me sentía como si me hubieran atado a la butaca unos secuestradores, e ideado un suplicio interminable, más efectivo que obligarnos a escuchar toda la discografía de Julio Iglesias.

Eso sí, al salir del cine, no se si sería el síndrome de estocolmo, empecé a tener la impresión de que la peli me había gustado. Al cabo de unos meses, incluso compré el DVD.

Pero ayer, con Chungking Express...

No estaba en una butaca de cine, ni había pagado 6 euros para obligarme a mirar la pantalla. Me dispuse a ver la peli. Típica estética wongkarwaiana. Un doblaje pésimo, por cierto; ¡con lo interesante que hubiera sido ver la mezcla de idiomas que hay en la peli!

Unos diálogos de una profundidad insondable:

(En un restaurante de comida rápida)

Tony Leung: ¿Te gusta pensar?

Wang Fei: No lo sé, nunca lo había pensado. ¿Y a ti, qué te gusta?

Tony Leung: (Se acerca coquetamente a la oreja de Wang Fei, y susurra) Las ensaladas.

Wang Fei baila muchas veces California Dreaming, y las escenas sexuales o asexuadas las surcan aviones de diferentes tamaños. Interesante símbolo.

Mi mente se distraía cada vez más, en parte porque en el libro que estoy leyendo, The Valley of Horses, comenzaban unas descripciones muy minuciosas del intercambio de fluidos entre dos personajes.

La carne es débil, y la mente mucho más. Me centré en la carnaza, y apagué la tele. Otra vez será, Chungking.