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Estos días de inactividad bloguera he aprovechado para encontrarme con unos familiares. Me llama la atención que, me encuentre con quien me encuentre, si están informados sobre mi vida marital, la conversación deriva invariablemente hacia ciertos puntos. Uno de ellos es (sí o sí) la situación de las niñas en China. Si estoy con ZF, a veces siento como si le estuvieran pidiendo explicaciones. Si estoy yo sola, comentan lo que leen-ven sobre el tema, y me hablan de experiencias de su barrio. A veces me pregunto, y no tengo la respuesta, si todas las noticias que genera este tema en España generarán un rechazo del origen de las pequeñas entre los padres que las adoptan. Es decir, dado que las sacan del infierno, ¿cuántos padres querrán inculcarles algún conocimiento sobre el lugar de donde provienen? Es una pregunta que nunca podré responder, porque nunca inquiriré a nadie sobre cuestiones tan privadas. De hecho, no entiendo a la gente que, en los parques, se dedica a preguntar a los papás de níñ@s orientales que ven. Lo único que sé, es que odio cuando me interrogan sobre el tema, porque no soy/he sido testigo de él, y odio hablar sobre lo que desconozco. Normalmente, cierro la boca y les dejo hablar. Enlaces: Escuela de chino en Ciudad Naranco |
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