Agosto del 2006


El escándalo Chinabounder
Resumamos el asunto:

Image Hosted by ImageShack.usUno de tantos profesores de inglés residentes en China, monta un blog llamado "Sex in Shanghai" (es un enlace, pero no lo intentéis: está fuera de circulación). ¿De qué va (iba) Sex in Shanghai?
¡Ojo con lo que blogueas!
Como su propio nombre indica, el tío se dedicaba a contar con pelos y señales sus (numerosas) sesiones de sexo con incontables muchachas chinas. De vez en cuando, criticaba a los hombres chinos, incapaces de satisfacer a sus mujeres, y de darles una vida (sexual o no) satisfactoria. También de vez en cuando, ponía a caer de un burro el lustroso pasado del país en donde reside, incluyendo (¡ocurrencia!) a Mao. La cosa no termina ahí:

Image Hosted by ImageShack.usUn día cualquiera, un profesor chino se topa con "Sex in Shanghai". Para qué queremos más. Se calza sus ropas de combate, e inicia una cruzada para expulsar al infame extranjero de China. Un fragmento de su indignado llamamiento (perdón por la traducción):


Así habló:
Hoy, con tremenda rabia, os contaré la historia de un extranjero inmoral, y hago un llamamiento a nuestros compatriotas chinos, para unir nuestras fuerzas y echar de China a este extranjero inmoral.


Así ocurrió: Hace varios días, un amigo me habló de un blog, escrito por un inglés que vive en Shanghai. Cuando lo leí, me quedé estupefacto, enfadado y disgustado... Después de leerlo, sólo tenía una idea: Esto es intolerable, y este montón de basura debe ser encontrado y expulsado de China!"

En su blog, emplea un lenguaje extremadamente obsceno y sucio para describir cómo él -- un profesor de lengua extranjera en Shanghai -- utiliza su estatus de profesor para aprovecharse de las mujeres chinas, la mayoría de las cuales son sus estudiantes. Al mismo tiempo, empleó un sinfin de artimañas para insultar, distorsionar y rebajar al gobierno chino y a los hombres chinos."

La carta sigue, sigue... (lee el llamamiento en chino, o en inglés, ¡no tiene desperdicio!).

Pues menuda se ha armado. Un batallón de compatriotas, buscando cualquier pista para localizar al impúdico profe... El profe, que retira su blog del internet, desbordado por las circunstancias y el miedo... ¿Cuál será el siguiente episodio?

Ahora, se enzarzan unos y otros en los mañidos debates sobre la libertad de expresión, patatín y patatán.

Yo sólo me había fijado que, para ser profesor de inglés en China, el proceso selectivo no es muy... selectivo. Y luego, a lamentarse.

Enlaces:
¿Alguien ha seguido el tema?


Quedan *burp* inaugurados *burp* estos *burp* Juegos

Andaba yo ayer leyendo las noticias, y me llamó mucho la atención un titular:

Los chinos no podrán eructar en el extranjero

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Es una noticia de largo alcance, pero por desgracia la leí en un periódico que **no tiene mucha credibilidad** (eufemismo), y no la he visto reflejada en otros medios (aún).

Al parecer, los chinos que vayan al extranjero, recibirán instrucciones precisas para "comportarse" según otros estándares de conducta. Estas instrucciones, incluirán:

Image Hosted by ImageShack.usNo eructar
Image Hosted by ImageShack.usNo escupir por todos lados, y last but not least,
Image Hosted by ImageShack.usNo dar berridos hablando por teléfono.

Sobre los escupitajos, siempre pensé que el asunto era una leyenda urbana. En realidad, en mi tiempo en Nanjing no presencié ningún escupitajo, ni vi ninguna escupidera.

Sin embargo, el jueves pasado, mientras caminaba por el Metro de Madrid, sobrepasé a una chica china de mi edad, que soltó tremendo escupitajo con regurgitación incluida cuando la adelanté (no sé si a modo de advertencia). Mi estómago y mi cerebro luchaban el uno contra el otro:

-No, Olguita, no saques conclusiones precipitadas. Recuerda que esta chica se está quitando los desperdicios del cuerpo, y que es tu uso del pañuelo el que puede ser una gorrinada para ella...

De lo que no hay duda, es de que si un gobierno hace una campaña contra los escupitajos, lo hacen motivados por algo.

Sobre los eructos, no he notado una inclinación muy relevante en los chinos que conozco hacia el eructo... Aunque quizás sea que tengo un hermano menor que me ha acostumbrado a una versión extrema de esos sonidos, y me pasan desapercibidos.

En cuanto a las conversaciones a gritos por teléfono, pues sí. Más de un sobresalto me he llevado, pues muchas veces pareciera que están los interlocutores enzarzados en fortísimas discusiones, cuando no es así.

¿Hasta qué punto pueden/deben ser regulados estos comportamientos?



Encima, buscando (infructuosamente) una versión en español de la noticia de los escupitajos/eructos, voy y me encuentro con otra noticia, y en El Mundo:

-El gobierno de China podría acabar con la costumbre rural de amenizar los funerales con Striptease.

(
Leer noticia)

No sé si darle credibilidad. ¿Puede ser verdad que hagan eso, y que además sea una costumbre? Primera noticia que tengo. Si así fuera, resultaría ser una maravillosa contradicción: ¿Será verdad que, por un lado, no puedes ni sacar un pezoncillo en la televisión, pero sí puedes ir a un funeral campesino y ver un striptease?

(No he encontrado la noticia que buscaba, aunque sí una sobre los escupitajos en Pekín.)


Pobre Laowai...
Pobre LaowaiVoy a correr el riesgo de emular a mi abuela, contando esta anécdota por vigésimosexta vez:

Allá por mis años mozos, en algún lugar del sur de China, nos dio por coger una de esas furgonetas-taxi clandestinas, que tanto abundan por esos lares (si uno sabe buscar).

El cacharro se movía a una velocidad endiablada: íbamos al encuentro de una etnia minoritaria, que en una hora y media nos saludaría y perseguiría para vendernos su artesanía... "Hello! Hello!"

En el habitáculo del vehículo, íbamos el jefe de ZF (francés con pinta de anglosajón), ZF (chino con pinta de japonés, al parecer), 3 chinos, el conductor, y servidora.

No tardaron mucho los chinos en enzarzarse en animada conversación, protegidos por la que creían era una barrera lingüística, sobre lo tontos que somos los laowais. Laowai patatín laowai patatán... (FIN)


Desde hace unos días, tengo la oportunidad de convivir con 2 chinos más. Son SJ y XJ, unos recién casados, que son la típica estampa que uno se forma del inmigrante chino en España: llevan 3 años por aquí, no han aprendido ni papa de español, y regentaban un Frutos Secos como el que puedes tener cerca de tu casa. Sin embargo, han decidido regresar a China, dentro de mes y medio.

Pues bien: desde que están aquí, me siento bajo un constante escrutinio. De 100 palabras que pronuncian, 50 es para decir "laowai" (extranjeros), y las otras 50, "zhongguoren" (chinos).

Así que, si me arranco las pelotillas de la... camiseta, al momento llega la frase implacable: "Los laowai se quitan las pelotillas de la camiseta; los chinos, no" (ejemplo tonto, extensible a todos los actos que puedan ocurrírsete).

Mi acción individual, ¡oh!, sirve para extender conclusiones sobre los millones de laowais que habitamos docenas de países, que no tienen nada que ver los unos con los otros. Sí, hay que asumirlo: Somos calcomanías unos de otros, unos narizotas con demasiado dinero para las pocas neuronas que surcan nuestras cabezas.

No convertiré esta entrada en un ataque personalizado contra las contradicciones en las comparaciones de los tortolitos (aunque tendría material). Escribo esto, principalmente, para desahogarme, aun sabiendo que el tonillo que le estoy dando, es peligrosamente parecido al que critico en la entrada anterior.

Porque aunque algunos me juren y perjuren que el término Laowai no es peyorativo, como todas las palabras del mundo, depende de cómo se use, y yo... no lo he visto usar con mucho amor hasta hoy.

Así que ayer, al llegar la noche, ya estaba yo hasta las de su disco rayado. Cuando me han dicho que los laowais disfrutamos menos de la cocina que los chinos/cocinamos menos/comemos menos tiempo (frase bastante inocente, por otro lado), he saltado como un resorte, y los he mandado a la mierda.

¿Por qué tengo que admitir que saltearse unas setas con algún vegetal, o dejar una gallina cociendo durante 10 horas, es más elaborado que el gazpacho que se marca mi abuela, o el X que pueda preparar Fulano de Tal en su país?

Cada país tiene sus pequeños rituales. Si a ellos les gusta tirarse horas en la mesa, brindar 30 veces con aguardiente/cerveza entre plato y plato, fumar 5 pitillos mientras comen, y hacer sus negocios mientras se llenan el buche, pues muy bien. Hala, que les aproveche, pero ¡no me deis la matraca, puñeta! 

Invitación al sueño
-Pura divagación. Buen somnífero, si me preguntas.-

Recuerdo cuando me mudé a Noruega. Llegué al que es, probablemente, uno de los lugares más lluviosos de Europa (Bergen), arrastrando una maleta gigantesca y una guitarra.

Aunque era un 13 de agosto, estábamos a las puertas del frío otoño, y las horas de luz mermaban día a día de forma claramente perceptible. Vivía en la parte sombría de la ciudad, en una habitación con paredes y cortinas de color gris y azul. Pasaba el día en penumbra.

A decir verdad, las ilusiones que llevaba en la maleta no me hacían los larguísimos días de invierno más llevaderos. A pesar de ello, cumplí mi objetivo: Empaparme de la cultura y lengua(s) noruegas, y de sus gentes. Intenté entenderlos, y su forma de relacionarse, de la forma más próxima a su punto de vista que pude inventarme. Y resultó. Oye: disfruté.

Me pregunto si en China podré hacer algo parecido.

Antes de ir a China, sé que cuando ponga el telediario me entrará un cabreo considerable, y que será recomendable que deje hibernar al activista político que hay en mí. También sé que la gente me mirará por la calle, que no podré cotillear en Google como me hubiera gustado (?), y que mis hábitos gastronómicos sufrirán cambios.

Ahora bien, a pesar de todas las desventajas existentes, espero poder meterme a escribir aquí sobre China, con la misma actitud que tenía en mi anterior etapa como exiliada: Contar lo chungo que es sacar la matrícula de la bici, lo poco manejable que es llevar a mi perro de paseo en calles llenas de gente, poner una foto de mi exótica boda, y tonterías por el estilo.

Cada vez tengo más miedo. Me pregunto si me entrará el síndrome del expatriado angloparlante en China, y me dedicaré a echar pestes contra los chinos, pues los muy gilis no hablan español y comen con palillos (cosas de esas que se suelen leer en los blogs yankees, pero metamorfoseadas). Me da miedo que China sea un reto que no pueda superar.

Quién sabe.

Ya acabo. Es que hoy me ha dado por hurgar en las últimas entradas de Talktalkchina, y me he puesto hasta de mala leche. Y luego, los temores... Nunca Mais.

Entradas relacionadas: El Mito del Ombligo

La ley de Murphy
 Tengo un problema: Cuando me da por aprender un idioma, atesoro todo lo que pueda tener que ver con esa lengua que estoy intentando meter en mi cabeza. Intento metamorfosear mi entorno (artificialmente, claro). En el caso del chino mandarín, tener un novio chino pululando por la casa ha ayudado a la inmersión lingüística y cultural, para qué voy a negarlo.

Otras de las cosas que hago, es comprar pelis y más pelis chinas. Cada vez que paso delante del FNAC, me voy a la primera planta pensando: "A ver si hay alguna nueva" (sin éxito, normalmente).

Me cago en la leche: Anteayer, sí que había. Vamos, que si había. Ahora, justo ahora, les ha dado por sacar una colección de Zhang Yimou, con sus mejores películas (las del año de la pera), en un pack (nada barato, por cierto). Entre ellas, mi peli fetiche: La Linterna Roja.

Sólo Dios sabe cuántas, cuántas veces husmeé por esas pilas de DVDs que tienen, en busca de la dichosa peli. Dando el asunto perdido, consigo que alguien husmee en China en otras tantas pilas de DVDs y me la traiga, y... ¡BINGO! No bien la tengo entre mis manos, van y la sacan en un pack, los muy cabrones del FNAC.

Estoy segura de que lo han hecho para joderme. "¿Dónde estará la tía que siempre viene a preguntarnos por películas de directores de nombres impronunciables? Parece que ahora prefiere traer sus pelis raras de China. Pues se va a enterar".

O quizás es que es cierto eso de que lo oriental está de moda.


Sí, ya lo sé: Casi no escribo. No es que esté de vacaciones. Es que estoy en Alpedrete (sí, soy de Alpedrete, qué le voy a hacer), aburrida como una ostra, y el olor de la granja de vacas del otro lado de la vía me espanta a las musas. I´m zorry.

Un día cualquiera de un verano cualquiera...
Estoy en China. Nubes, mosquitos, luces de neón de otro universo.

Hemos llegado a su casa hace poco. Es sencilla. Su cama no tiene colchón; está cubierta por una de estas sábanas de bambú que crean cierta sensación de frescor.

Hay mucha gente en la calle, aunque es de madrugada y hace un calor soporífero. Muchos puestos continúan abiertos, como los de estos cocineros callejeros que dejan sus triciclos a un lado, mientras deleitan a la gente con sus platos a precios irrisorios. Tremendo calor pasarán.

Su familia está viendo la tele. La expectación les ha mantenido despiertos. Supongo que necesitan algún tiempo para hacerse a mi presencia extraña. Por eso les dejo solos ahora, al comienzo.

También me dan miedo.

Me da miedo que no me acepten, que les parezca un souvenir de lengua dislocada, y que poco a poco le insinúen, le sugieran, le pidan...

También me asusta el abismo de la incomprensión. Mi sentimiento de impotencia es tremendo, porque la lengua se me traba, porque mi cerebro no conoce palabras esenciales...

La cuestión idiomática se solventa con el tiempo. Espero que me lo den.



Hace poco lo pensaba: Un año atrás, lo que son las cosas, yo andaba por unas latitudes muy distintas a estas.

Así que abrí el cajón de mi mesilla, y rebusqué hasta encontrar el cuaderno que llené de ideas y garabatos. Ha sido curioso releer mis primeras impresiones.