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-Pura divagación. Buen somnífero, si me preguntas.- Recuerdo cuando me mudé a Noruega. Llegué al que es, probablemente, uno de los lugares más lluviosos de Europa (Bergen), arrastrando una maleta gigantesca y una guitarra. Aunque era un 13 de agosto, estábamos a las puertas del frío otoño, y las horas de luz mermaban día a día de forma claramente perceptible. Vivía en la parte sombría de la ciudad, en una habitación con paredes y cortinas de color gris y azul. Pasaba el día en penumbra.A decir verdad, las ilusiones que llevaba en la maleta no me hacían los larguísimos días de invierno más llevaderos. A pesar de ello, cumplí mi objetivo: Empaparme de la cultura y lengua(s) noruegas, y de sus gentes. Intenté entenderlos, y su forma de relacionarse, de la forma más próxima a su punto de vista que pude inventarme. Y resultó. Oye: disfruté. Me pregunto si en China podré hacer algo parecido. Antes de ir a China, sé que cuando ponga el telediario me entrará un cabreo considerable, y que será recomendable que deje hibernar al activista político que hay en mí. También sé que la gente me mirará por la calle, que no podré cotillear en Google como me hubiera gustado (?), y que mis hábitos gastronómicos sufrirán cambios. Ahora bien, a pesar de todas las desventajas existentes, espero poder meterme a escribir aquí sobre China, con la misma actitud que tenía en mi anterior etapa como exiliada: Contar lo chungo que es sacar la matrícula de la bici, lo poco manejable que es llevar a mi perro de paseo en calles llenas de gente, poner una foto de mi exótica boda, y tonterías por el estilo. Cada vez tengo más miedo. Me pregunto si me entrará el síndrome del expatriado angloparlante en China, y me dedicaré a echar pestes contra los chinos, pues los muy gilis no hablan español y comen con palillos (cosas de esas que se suelen leer en los blogs yankees, pero metamorfoseadas). Me da miedo que China sea un reto que no pueda superar. Quién sabe. Ya acabo. Es que hoy me ha dado por hurgar en las últimas entradas de Talktalkchina, y me he puesto hasta de mala leche. Y luego, los temores... Nunca Mais. |
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Aunque era un 13 de agosto, estábamos a las puertas del frío otoño, y las horas de luz mermaban día a día de forma claramente perceptible. Vivía en la parte sombría de la ciudad, en una habitación con paredes y cortinas de color gris y azul. Pasaba el día en penumbra.




