Voy a correr el riesgo de emular a mi abuela, contando esta anécdota por vigésimosexta vez: Allá por mis años mozos, en algún lugar del sur de China, nos dio por coger una de esas furgonetas-taxi clandestinas, que tanto abundan por esos lares (si uno sabe buscar).El cacharro se movía a una velocidad endiablada: íbamos al encuentro de una etnia minoritaria, que en una hora y media nos saludaría y perseguiría para vendernos su artesanía... "Hello! Hello!" En el habitáculo del vehículo, íbamos el jefe de ZF (francés con pinta de anglosajón), ZF (chino con pinta de japonés, al parecer), 3 chinos, el conductor, y servidora. No tardaron mucho los chinos en enzarzarse en animada conversación, protegidos por la que creían era una barrera lingüística, sobre lo tontos que somos los laowais. Laowai patatín laowai patatán... (FIN) Desde hace unos días, tengo la oportunidad de convivir con 2 chinos más. Son SJ y XJ, unos recién casados, que son la típica estampa que uno se forma del inmigrante chino en España: llevan 3 años por aquí, no han aprendido ni papa de español, y regentaban un Frutos Secos como el que puedes tener cerca de tu casa. Sin embargo, han decidido regresar a China, dentro de mes y medio. Pues bien: desde que están aquí, me siento bajo un constante escrutinio. De 100 palabras que pronuncian, 50 es para decir "laowai" (extranjeros), y las otras 50, "zhongguoren" (chinos). Así que, si me arranco las pelotillas de la... camiseta, al momento llega la frase implacable: "Los laowai se quitan las pelotillas de la camiseta; los chinos, no" (ejemplo tonto, extensible a todos los actos que puedan ocurrírsete). Mi acción individual, ¡oh!, sirve para extender conclusiones sobre los millones de laowais que habitamos docenas de países, que no tienen nada que ver los unos con los otros. Sí, hay que asumirlo: Somos calcomanías unos de otros, unos narizotas con demasiado dinero para las pocas neuronas que surcan nuestras cabezas. No convertiré esta entrada en un ataque personalizado contra las contradicciones en las comparaciones de los tortolitos (aunque tendría material). Escribo esto, principalmente, para desahogarme, aun sabiendo que el tonillo que le estoy dando, es peligrosamente parecido al que critico en la entrada anterior. Porque aunque algunos me juren y perjuren que el término Laowai no es peyorativo, como todas las palabras del mundo, depende de cómo se use, y yo... no lo he visto usar con mucho amor hasta hoy. Así que ayer, al llegar la noche, ya estaba yo hasta las de su disco rayado. Cuando me han dicho que los laowais disfrutamos menos de la cocina que los chinos/cocinamos menos/comemos menos tiempo (frase bastante inocente, por otro lado), he saltado como un resorte, y los he mandado a la mierda.¿Por qué tengo que admitir que saltearse unas setas con algún vegetal, o dejar una gallina cociendo durante 10 horas, es más elaborado que el gazpacho que se marca mi abuela, o el X que pueda preparar Fulano de Tal en su país? Cada país tiene sus pequeños rituales. Si a ellos les gusta tirarse horas en la mesa, brindar 30 veces con aguardiente/cerveza entre plato y plato, fumar 5 pitillos mientras comen, y hacer sus negocios mientras se llenan el buche, pues muy bien. Hala, que les aproveche, pero ¡no me deis la matraca, puñeta! |
|
|

Allá por mis años mozos, en algún lugar del sur de China, nos dio por coger una de esas 





