Clásicos populares
Recuerdo que Quijote siempre echaba la bronca a Sancho por usar demasiados refranes. Una profesora de literatura que tuve, también, nos animaba a no usarlos (pues favorecían, según decía, la vagancia mental), y a expresarnos con nuestras propias palabras.

Nunca hice caso a mi profesora, y siempre me gustó Sancho Panza. Me encantan los refranes. Usarlos. Y me encanta comparar la sabiduría popular de cada cultura. Cómo no: Los proverbios chinos, aunque llegaron a mi vida tarde, se han hecho un hueco en mis preferencias.

No es que sean más sabios que los de otro país; en teoría, cualquier proverbio debería ser sabio. Lo que me llama la atención de los proverbios chinos es que, en muchas ocasiones, te sueltan una frase contenida en una historia milenaria, o que la resume, de manera que si no conoces la historia que da origen al refrán te quedas... pues así: ¿Mandeeeeeeee?  . Mi proverbio chino favorito es, por goleada, el que sigue:



sai4 weng1 shi1 ma3


Que viene a significar: "El señor de la frontera perdió su caballo". Esta oración así, en frío, como mucho nos haría exclamar: "Pues pobrecito, el señor, que se ha quedado sin caballo". La historia que ilustra este proverbio y le otorga significado es de gran belleza, en mi opinión. La traduzco de mi libro de proverbios, para quien le interese:

 
 
 El siguiente proverbio tiene su origen en los escritos del príncipe Huainan, recopilados por un grupo de pensadores durante la dinastía Han Occidental (206 A.C- 24):

Hace mucho, mucho tiempo, un joven que vivía cerca de la gran muralla perdió su yegua. Ésta escapó a tierras gobernadas por tribus de etnias minoritarias. Cuando sus amigos y parientes se enteraron de lo que había ocurrido, fueron a consolarlo. Su viejo padre le dijo: "Anímate, hijo, ¡quién sabe si esto no será en el fondo una bendición!"

Unos meses más tarde, la yegua regresó, trayendo consigo un grupo de recios caballos. Sus amigos y parientes estaban felices por el joven, y se acercaron a felicitarlo. Sin embargo, su viejo padre le advirtió: "¿Quién sabe si ésto no acabará siendo motivo de desdichas?"

El joven adoraba sus nuevos caballos, y todas las mañanas cabalgaba a lomos de uno de ellos. Sin embargo, como no habían sido bien adiestrados, un día cayó al suelo, quedando inválido. De nuevo, sus amigos y parientes se acercaron para consolarlo. Su viejo padre le recordó: "¿Quién sabe si esto no será una bendición disfrazada de desdicha?"

Un año más tarde, las tribus minoritarias comenzaron a atacar las áreas protegidas por la Gran Muralla. La mayor parte de los jóvenes tuvieron que unirse a los ejércitos que trataban de repeler los ataques. Nueve de cada diez de los jóvenes perecieron en combate. El joven fue eximido de unirse al ejército por su invalidez, y tanto él como su padre sobrevivieron.

"Por tanto, un hecho afortunado puede transformarse en desdicha, y viceversa"


No he conseguido encontrar un refrán equivalente en español, pero sí recuerdo uno noruego algo parecido:

"A veces, las cosas malas que nos ocurren, son regalos envueltos en un papel muy feo".

Ambos proverbios parecen hablar de la relatividad de los acontecimientos de la vida, aunque el noruego se fija más en el aspecto optimista (es la versión a la que recurro para animarme, lo admito).

Si estás ahí, ¿hay algún refrán que uses a menudo? ¿Alguno que te guste especialmente? ¿Quizás alguna historia que ilustre el que he escrito? ¿Y un refrán en español parecido a los que he escrito?


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